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viernes, 15 de agosto de 2014

¿QUÉ ES LA PERIOSTITIS? ¿CÓMO TRATARLA?

La periostitis suele afectar a las piernas de los caminadores y corredores, pero en realidad pueden sufrirla todas las personas que realizan actividades de alto impacto en superficies duras. La periostitis consiste en una inflamación del periostio la capa superficial del hueso compuesta por vasos sanguíneos y nervios- y suele afectar a la cara anterior de la pierna, más específicamente a la tibia.

Se identifica con una sensación de dolor o quemazón que aparece al entrenar y aumenta con el esfuerzo, aunque en los casos más severos puede extenderse incluso durante los períodos de reposo. Si bien la molestia por lo general se atenúa después de algunos días sin actividad, es frecuente que vuelva a parecer al reiniciar el entrenamiento. Cuando se vuelve algo crónico, lo ideal es consultar a un traumatólogo para descartar algún otro tipo de lesión.

La periostitis en la tibia es una condición que suelen sufrir los caminadores de largas distancias y corredores debido a la sobrecarga en la zona: el impacto del pie contra el suelo lleva a que los músculos traccionen el área ósea, creando una vibración que desemboca en la irritación e inflamación del periostio.

Aunque en la mayoría de los casos se produce por la evolución natural de este tipo de actividad, lo cierto es que existen determinadas condiciones que aceleran su aparición, como por ejemplo un entrenamiento incorrecto, escasa preparación muscular, correr o hacer movimientos bruscos sobre superficies irregulares, usar zapatillas gastadas y tener pie plano o condiciones hereditarias, tales como la osteoartropatía.

Estirar antes y después de entrenar es una de las formas de prevenir el dolor. Por eso, cuando la molestia no se va, lo ideal es acudir a un traumatólogo para que realice un diagnóstico adecuado. El historial médico y examen físico que incluye pruebas de sangre o radiografías- ayudarán a determinar las causas y los tratamientos a seguir. Por lo general, las indicaciones para prevenir y aliviar los síntomas son:

1. Cortar con los ejercicios tan pronto como comience el dolor.

2. Descansar y aplicar hielo sobre el área inflamada inmediatamente después de ejercitar. Además, se puede practicar crioterapia, reposando regularmente las piernas en agua fría (aproximadamente cero grados) y realizar masajes con cremas antiinflamatorias.

3. Usar un calzado adecuado al hacer deporte. Esto es fundamental para no dañar los músculos y los huesos. Por lo general, se recomiendan las zapatillas flexibles y con talón elevado, que deben renovarse cada 350 kilómetros de uso.

4. Evitar las superficies irregulares al entrenar.

5. Modificar la rutina de ejercicios. El dolor crónico puede estar indicando que hay algo mal en el entrenamiento: demasiada intensidad y frecuencia pueden acelerar el dolor. Por eso, lo mejor es reincorporarse gradualmente, sin demasiados esfuerzos.

6. Estirar antes y después de ejercitar. El calentamiento y la relajación son claves ante cualquier actividad: elongar las piernas te ayudará contra las lesiones en los huesos y músculos, previniendo la periostitis.

7. Añadir un entrenamiento de fuerza. Esta medida de prevención es útil para aquellos que sólo corren o realizan actividades aeróbicas. Los ejercicios más localizados y con pesas pueden ayudar a fortalecer los músculos de las piernas.

8. Evitar el calor en la zona. La periostitis puede acelerarse con el uso de agua muy caliente o estufas. Por eso, cuando la inflamación esté presente, trata de alejarte de estas fuentes de calor.

En todos los casos, lo importante es no precipitarse en retomar la actividad: cuando el dolor ataca -aún estando en reposo-, hay que esperar a eliminarlo por completo o, de lo contrario, se volverá una patología constante. Mientras tanto, se pueden practicar actividades de bajo impacto, como por ejemplo natación.